Doctor, doctor… (3)

 

- Doctor, doctor… cuando me tomo un café me duele el ojo.
- ¿Ha probado usted a apartar la cucharilla?

***
- Doctor, doctor… cuando tomo café no duermo.
- ¡Qué curioso!, a mí me pasa justo al contrario. Cuando duermo, no tomo café…

***

- Doctor, doctor… me duele aquí.
- A ver… hmmm… tendremos que hacer un análisis de sangre y otro de orina, para ver si…
- ¿Pero que me dice? Yo soy veterinario, y me basta echar un vistazo a mis animales para saber que es lo que tienen.
- Bueno, yo me imagino lo que es esto, pero si quiere le doy la receta ya y si las cosas no van bien le sacrificamos.

***

- Doctor, doctor… veo elefantes rosas por todas partes.
- ¿Ha visto ya a un psiquiatra?
- No, sólo elefantes rosas.

***

- Doctor, doctor… el pelo se me esta cayendo, ¿me puede dar algo para conservarlo?
- Si, claro, aqui tiene una caja de zapatos.
***

- Doctor, doctor… que mi esposa no quiere hacer el amor.
- No se preocupe, lo que usted tiene que hacer es coger a su esposa por sorpresa, en el lugar que esté y en el momento que sea y lo hace allí mismo.
Al dia siguiente vuelve el mismo tipo…
- Doctor, doctor… usted tenía razon, ayer nada mas llegar a casa, vi a mi mujer en el salón y allí mismo me la cepillé… y no se opuso.
- ¿Y qué dijo?
- Nada, pero si hubiera visto usted cómo se reían las visitas…

***

- Doctor, doctor… ¡Tengo un problema! Mi mujer es ‘esmeril’ y yo soy ‘omnipotente’…
- ¿Querrá usted decir que su mujer es estéril y usted es impotente?
- Da igual doctor, es inverosímil.

***

- Doctor, doctor… es que tengo el pene muy irritado…
- A ver, cuénteme algo sobre su vida sexual a ver si averiguamos la causa.
- Bien, al levantarme le echo dos polvos a mi mujer. Antes de salir para el trabajo, me despido echándola otros dos polvos. Al llegar al trabajo, lo primero que hago es echarle un par de polvos a la secretaria, y antes de ir a comer otro par. Al llegar a casa, mi mujer me recibe y echamos dos o tres polvos más, y otros dos después de comer. Cuando vuelvo al trabajo por la tarde, otra vez con la secretaria uno o dos; al salir, dos o tres más. Al llegar a casa, ceno, y claro, después vienen cuatro o cinco al meternos en la cama….
- Ya veo cual es el problema. Es que usted f**** demasiado.
- ¡Ah, que suerte! Yo creí que iba a ser por darle demasiado a la mano.

***

- Doctor, doctor… mi mujer cree que es una gallina.
- Bueno, pues traigala a ver si la curo.
- Si hombre, con la falta que nos hacen los huevos.

***

- Doctor, doctor… tengo diarrea mental.
- ¿Y usted como lo sabe?
- Porque últimamente, todo lo que se me ocurre resulta ser una mierda.

 

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